domingo, 18 de marzo de 2012

Crítica al contrato social


Cuando nacemos, lo hacemos con el derecho inalienable a la vida, derecho que en principio es defendido por padres o apoderados, no hay otro derecho generado por el recién nacido ni está obligado o capacitado para garantizar las necesidades de otros.


Cuando un niño crece aprende a relacionarse con otros, estas relaciones requieren acuerdos verbales o escritos y sólo estos acuerdos generan derechos al haberse pactado en forma voluntaria, esto es, ejerciendo el libre albedrío y ateniéndose a las consecuencias de los actos propios. Nuestra madurez se ve reflejada en la forma como hacemos nuestras decisiones, de como mantenemos nuestros acuerdos y como afrontamos las consecuencias buenas y malas derivados de estos.

No tenemos más derechos aparte de los naturales y los que se derivan de los que se hayan pactado previamente; no tenemos derechos u obligaciones especiales sólo por el hecho de nacer en un territorio o bajo una sociedad determinada, no estamos obligados a obedecer un acuerdo hecho por terceros en el cual no tenemos parte ni hemos firmado voluntariamente, no hay un "acuerdo implícito" obligatorio en una sociedad, más allá de las normas que se hayan institucionalizado como el saludo, el lenguaje, el comercio o las formas de resolución de conflictos.

Por el contrario, el "contrato social" es un artificio ideado y defendido por políticos para torcer el derecho natural y hacer posible la implantación de "nuevos derechos" que no son más que transferencias de recursos (tiempo, intelecto, esfuerzo, propiedad) en forma obligatoria y no consentida en beneficio del político o grupo gobernante. El contrato social apela a un imaginario pacto implícito en una sociedad o territorio que exige obligaciones a cambio de reconocer ciertos derechos (los cuales en realidad son preexistentes y no le pertenecen al político).

El contrato social surge de facto, con el uso de la fuerza, el fraude y la coerción para conseguir obediencia al mismo, no nace del derecho natural, pues la justicia en derecho natural simplemente implica no agresión, no requiere siquiera de ley formalmente escrita sino reconocer la ley natural: a cada quien lo que le es suyo.

El concepto de contrato social cuando se ejerce el poder puede ser cualquier cosa, desde obediencia ciega a un  déspota de comportamiento primario o un supuestamente avanzado modelo de ingeniería social creado por un grupo de intelectuales. El contrato social, defendido por casi todo el espectro ideológico, puede sustentarse en la defensa de la tradición familiar, la voluntad divina, la superioridad racial, la supremacía del proletariado, la búsqueda del "nuevo hombre" socialista, la igualdad de la humanidad, la comunión con la madre naturaleza o cualquier otra estafa. Pero este concepto no tiene real validez, su base es una falacia y su sustento sólo se sostiene en nuevas falacias, y claro, con el uso de violencia física o la amenaza de su uso.

Artículo recomendado: El concepto de contrato social es contrario al orden natural

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